Cárcel de Letras
Posted by Sharvelt | Posted in | Posted on 12:56
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Los dispares gritos a mi alrededor empezaron a perturbarme. Pasé mi mano por el extenso cabello que puebla mi cabeza esperando que esto despeje, aunque sea un poco, la incertidumbre que recorría mi cuerpo. Un desordenado coro de voces me alentaba a golpearlo, personas que trataban de brindarme la confianza necesaria para llevar todo esto hacia un resultado favorable para mí, para ellos; sin entender que lo único que lograban era vulnerar mis ya mermados nervios. Finalmente me paré frente al único adversario que nos separaba de la grandeza y todo fue silencio, quedando solo el collar de miradas envolviéndome, como recordatorio, de que no estaba solo. Y como consuelo, miles de personas luciendo el mismo traje que yo, esperando que con este último acto terminara el sufrimiento que habían soportado durante casi hora y media. Observé al hombre frente a mí y él como suponiendo mis intenciones tomó posición esperando el último disparo de la tarde. Sentí la presencia de mis compañeros, la de los suyos esperando que algo, cualquier cosa que fuere, me traicione. Bajé la vista hasta observar el arma que usaría para arrancarle la felicidad a miles de personas, arma que esperaba pacientemente entre el obstáculo humano y yo.
Cerré mis ojos y vinieron a mi mente escenas de todas las experiencias adquiridas: las caídas que había sufrido; los golpes que, por la espalda muchas veces, me habían dado mis adversarios; los abrazos de mis compañeros frente la victoria y el frío silencio que guardábamos al sabernos perdedores; el apoyo recibido durante esta campaña hacia el triunfo. Todos esos recuerdos cruzaron frente a mí, a la vez que mi instinto decidía dónde era mejor asestar la bala redonda y brillante dispuesta a herir de muerte a mis contrincantes. Volví la mirada hacia el individuo que me había adiestrado en esto; lo vi yendo y viniendo, me vio confundido y extasiado, apartó su mirada del punto en el que me hallaba y yo, como entendiéndolo todo, tomé posición para liquidar de una vez la agonía que estábamos padeciendo.
En escasos segundos la mezcla de sentimientos que me atravesaron en veloces y puntiagudas dagas desapareció, todo lo que podía sentir era el frío sudor bajar por mi espalda, los flashes cegándome de a poco y la desesperación compartida de todo el auditorio que esperaba impaciente el momento en que decida terminar con todo. Miré de lleno al blanco, era grande, tenía oportunidad, observé con detenimiento a mi contendiente y traté adivinar sus pensamientos, sentí incluso pena por él a sabiendas de que sus posibilidades eran iguales a las mías y advertí en su rostro quizá más nerviosismo que el mío, entonces lo supe, debía tirar a matar.
Inhalé por última vez, observé velozmente a todos los que ocupábamos aquel pedazo del escenario donde el final empezaba a dibujarse. Retrocedí algunos pasos, titubeé y, como impulsado por un renovado valor, corrí nuevamente hacia el pequeño objeto de cuero sintético y lo golpeé con todas mis fuerzas sin atreverme a observar donde terminaba y respirando algo así como a gloria cuando una sola palabra invadió el recinto: “GOOOOL”.
Agradecimientos especiales a la Revista Prometeo.
"Amor"
Querido niño, acaso no sea para ti la patria, que se suponeAcá les dejo un vídeo con un gran poeta de nuestro querido Ecuador, en el festival de poesía en Medellín. Espero les guste.
Agradecimientos especiales a la Revista Prometeo.
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