Les dejo una serie de foto-poemas, desarrollados en conjunto entre el fotógrafo David Kattán (Ambato, 1993) y el poeta Juan José Rodríguez (Ambato, 1979). En este caso, las fotografías fueron creadas a partir de los poemas pertenecientes al libro Cromosoma de Rodríguez.
AUTOPISTA A CAYAMBE AL BORDE UN SENDERO EMPEDRADO Y PRADERAS MAGENTAS
Allí,
como una voz olvidada, alguien repite:
“queremos morir y educarnos como El Muerto,
siempre me quise educar en la escuela del Muerto
mirando las pizarras vacías”.
Entonces, miré mi cabeza como un plano donde estudiaría largas jornadas, largos paisajes de hueso.
Paisajes como:
Las vacas pastan como rocas menesterosas esperando que niegue mi ánima. Siempre quise negarme: agredirme en el frontón de mi mente vacía. La hierba crece y las nubes aquí no son motivo para muchas preguntas.
Mundo áspero como un golpe (el fémur de mi abuelo bajo el cerro de un árbol en un cementerio vacío y una flor que robé de otra tumba). Lapis animatus, en el ojo de mi personaje supimos: no había dios sino en estado sólido (naturaleza muerta).
La noche puede dividirse en dos sin nosotros. Nada costaba regresar al mundo de la lucha libre del lenguaje, a la batalla final de los runas contra el Amo (todo al interior del corazón perdido en una jaula subatómica).
Paisajes como:
(este reino invisible)
Entonces:
evitar la progresión
evitar que cualquier gracia ocurra en estado de gracia
hundir el corazón en la lengua de El Muerto
escuchar su latido ahora que todo paisaje es imposible
pues nada puede ser más distante
que una condena
a mirar la limpieza del agua que cae del tejado
como el aguamiel de un mundo
donde cualquier sorpresa ocurre sólo
en el cadáver de una res
—cercano, aunque visto desde otro ángulo—
lentamente devorado por las hormigas.
AUTOPISTA A CAYAMBE AL BORDE UN SENDERO EMPEDRADO Y PRADERAS MAGENTAS II
cielo es también cielo dispersado
pintura Klein en movimiento dispersado
no para ser visto
sino marcando
el vacío
de fondo.
AUTOPISTA A CAYAMBE CONFESIÓN Y REVELACIÓN DEL PACIENTE
Algo como.
¿Decías?
El sol, como vestigio de un tiempo ajeno,
habita el trébol blanco,
los troncos del peral
en la mañana de éste y de otro mundo.
Tras las horas, largas como un imperio,
el color de la luz será vivaz para el dibujo.
También para mis ojos:
lectores inexpertos de la cálida, silente epifanía
que todo lo contiene y casi.
No, mintiendo, niño de hueso: niño cabecita de nadie: mensonge, y si viniste aquí, si pagaste la consulta es para que escuche.
Sí, un cielo, sí, probando, sí. La noche probando, doctora, el cielo es doctor, mi doctor, doctora, el mundo como una ladera donde resbalan cuerpos hacia el infinito vacío.
No, hacia un paisaje aymará, me dices, doctora:
Al filo de la montaña coronada
cae la nieve,
junto a la niña del viento.
No sé su hermoso método
para hablar del invierno.
Este paisaje es una niña aymará cantando en la habitación de nieve que es el mundo.
Realidad es proceso.
Realidad es reality show de un río transparente.
Realidad es un vencejo que se clona a sí mismo hasta ser su parvada en la célula cortada por los genetistas.
Realidad es antipájaro, es reposo de un pájaro sobre el punto débil de la rama colgante.
Te digo doctora niña aymará, escóndeme.
Escóndeme en tu cielo obstáculo,
allí
quizás un verso escrito
sobre un pájaro jamás mirado es falso.
Así dijiste, mientras del libro abierto:
palabra o cóndilo de ti,
brotaban pájaros, acariciados ibis.
El mundo corregía sus pactos.
El ave desovó un huevo tornasol vacío: allí pusiste una crisálida de azogue. Allí pusiste un kiosco de aire. Allí pusiste una tienda de rock. Allí fundaste una escuela que sólo enseñaba a escribir comas.
El hombre sano escribió estas frases rectas,
delineadas: estas sílabas en escuadra
como jardines planos.
Aquí plagio del plagio
Sólo en lo blanco,
bajo las lámparas colgantes,
el destello de la nieve.
Una mano enciende la hoguera
en el país, grullas y lotos,
de muy lejos.
Más allá de la choza nipona
delicado, delicado barroco/
del silencio.
Luego, el vacío.
Luego, el paciente pájaro de mí se reveló contra el sueño
de su propia mente hoy expandida como paisaje punk:
nada era un sueño. Los poemas lineales eran sólo
-como una carretera vertical desierta-
los ojos de lo hermoso.
Las nubes de la eternidad pasaban lentamente.
CROMO POSTSIQUIATRÍA PÁRAMO SINTAXIS PENÚLTIMO LUGAR
Entre bambúes,
el cielo ha de verse más alto.
Sobre el pincel, ha de verse la rama clara.
Pinté un tallo cautivo,
batido por un viento necesario a la luz.
El cielo es imperfecto.
Cada verso es un nudo
en el tallo del bambú.
Así comenzaba yo otro libro señor antidoctor: voz que gritaba en la noche rotatoria esfera no euclidiana cuando estaba en la noche subía la presión té de hierbas amarillas y pétalos (toma té/ tres sorbos/ tres veces) que no servía cabeza gritaba en otra voz en otra vez la voz gritaba desconocida desconocía.
Esa voz, un fruto inmadurable: serás viejo y no serás lo que deseas porque lo que deseas está más lejos que lo muerto: un niño que ahora debería mirarme entre los ojos ahora es células epiteliales en un albañal perdido en dónde. De eso hablábamos hace tiempo, ¿no?
Entonces,
antitratamiento,
anticonsulta:
parvada de palabras
antisiquiátricas,
aunque sea sólo
criptoozoología
de la voz elevada
a la n potencia
de la irrealidad.
Histeria que da paisaje
y fondo.
Antidoctor, mirlo que hace nudos sobre los espacios en blanco. Mirlo terapista: lo más preciso estaba por venir y era yo y era un túnel estrecho. Como un escudo tubular hacia el vientre de la velocidad. Allí, mi hígado no puede ser tocado ni por la mano del médico que hinca agujas sobre un cuerpo que ya es un pliego donde trazar la frase no hay más tiempo.
Atrás sí que hay tiempo:
para decir en el idioma hablante, estoy nadando en una vida vulgar y corriente que se clona a sí misma todo el tiempo.
También.
Empezabas diciendo: larga narrativa del pájaro desnudo. Empezabas nombrando un mundo de árboles de fiera calaña como hombres de traje.
Pero no era eso:
Era la eficacia de hablarte doctor a usted, a vos como me hablo, como me habla la voz que me escucha atentamente a veces, antes del desmoronamiento de la voz: Hacia dentro de NO hay ojo, pero. La inquieta luz (no me hables ahora) y el silencio descorcha el mundo (la llave de realidad está en hablar: háblame) y si esto no es límite (arde la manzana sobre el miedo a volar) y si esto (la velocidad del tren por abolir el tiempo) va pasando, sí lo que es pájaro, va pasando como un ejercicio irrealista (va, digo) pasando –llévame al mundo, si estás allí, pero si no– desciende como clave, como llave, como el deseo de morir (muere en tanta palabra) no sea otra respuesta (ora para arriba, ora para abajo; medítame) sé, como sabes de mí, un estratega de otro mundo, inquiere lo que no hay, pero inquiere (y recítame el número dos, de dos en dos, pero lento).
En ese huerto en prosa, planté un niño que crecería que tendría niños que crecerían, pero no de esta manera deshecha. Como teoría del ojo, allí planté casa y comida para el alzheimer futuro que duerme bajo mi cefalea). Allí, la colocamos en forma de cápsula para concentrar varias cartografías de cielos.
Disponerse contra la desgracia, pero ¿dónde está la madre ahora que progresivamente te divides?
Desde hoy cualquier cosa es un globo de mugre detonado sobre la puerta de la casa antigua.
Hablante en círculos.
Lengua que sólo habla de pérdidas.
Pura pérdida que sólo habla para lenguas perdidas.
INTERMEZZO VELOCIDAD THOM YORKE
Desordeno el espacio donde la mente tiene lugar.
Este espacio que es toda mente: una larguísima hilera de postes telefónicos: de avisos. Da forma esa hilera a una colina donde los niños androides paranoicos suben para mirar la ciudad estallada. Sopla el viento del páramo y las ánimas son sopladas y soplan sobre un bosque de cadáveres filmados desde todas direcciones por los ojos del aire y, a lo lejos, los niños miran y dicen: no podíamos destruir, no podíamos salvar destruyendo este espacio que es el largo corredor de la mente, pero al final, donde las neuronas desposan al pájaro mutante, a su anillo nupcial en la garganta, alguien aguarda mi despertar.
MEMOIRS FUTURA CON LA SILLA DE IDEA JULIANA LUCÍA
Partir de hechos: primero: la imagen es una silla sobre un pastizal. En el paisaje,
cada átomo de realidad,
cada molécula de realidad
es sublevada, es algo como una arteria en color pálido,
algo como ocupar un lugar niña contra el mundo.
Trabajo del pájaro carpintero
un día sobre la tierra,
en un taller perdido.
Silla
en
centro
de paisaje.
Esa imagen es una imitación —dije mientras bebía agua de una botella plástica, mientras sonaba el pandero del viento bendecido por el evangelio de las cosas, por la santidad de la física. Este paisaje es nuestro —dice mi hija postfutura. Pero en la silla imaginada estaba una mujer agonizante, diabética, con una aguja sobre el muslo derecho como una colina asaetada por violetas sónicas. Cada átomo viene de lejos a decir: ésta es la imagen donde aprendimos el nombre de la inmovilidad y la presencia de otros ojos y la presencia de mi cuerpo, de mis ojos mirando la pared y la lluvia como lluvia.
Hija posfutura señala lo bello
de la inmovilidad
mientras piensa por mí
una casa vacía
y caza caracoles
y apenas puede con su velocidad.
PEQUEÑO PÁRAMO UN MONTAJE FINAL DE MATERIALES CHAMBO
INTERMEZZO FINAL LA CANCIÓN DE MARY FLORA BELL
CROMO CARTA OPENED NIÑO GREY TRISTE COMO ESTRELLA POP ALUCI.NADA
de cráneos del presente.
Venta del presente,
de presentes del presente.
Soy el cerebro de una mente perdida.
Salí de un lugar abolido hacia un lugar errante. Salí, entre mantas y platos y pañuelos, diciendo: “soy un objeto de 1.75 y en esta fotografía b&w, estoy mirando una pared en blanco: cometas sobre la pintura”. Alguien me llama con su manita de esqueleto hacia una casa inexistente, pero voy lejos. Hierba, setos. Pero lejos a buscar conejas entre las piedras conejas hacia el bosque de pinos, arrayanes. Allá, en la cocina de los pollos sobre la mesa blanca, doblo las servilletas y pelo arvejas o maíz orgánico para mi abuela. Soy el cristal transparente y un lugar que jamás volveré a ver, pero sí a mirar, detenido. Más a la derecha, un hombre me muestra sus dientes amarillos, cobalto. También le muestro mis dientes amarillos, negros, ópalo. Le muestro mi nombre (un agujero), mi caballo de palo ciego: soplamos juntos sobre la mente de un mirlo con daño cerebral. En tanto, mamá, tú recoges los bracitos de los enanos mutilados a las cinco de la mañana. Abrazas un caballo enano que se empieza a perder a lo lejos.
“el niño de treinta años se subió a la silla más alta”
MAX JACOB
Todos lo combatimos hasta
que se quedó mirando
con un plato de lata entre sus manos.
Miraba inmóvil y miraba
los huesos de un lagarto
sobre una estepa que no había en el mundo
tan distante que apenas existía
en galaxias que apenas existían bajo las gotas de agua.























